García Márquez y Cartagena de Indias



"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".

La relación entre Cartagena de Indias y García Márquez se centra, en esencia, en El amor en los tiempos del cólera, una de las mejores obras del Nobel, inspirada en la historia de amor de sus padres. Cartagena es una ciudad de juguete ubicada en el mágico mundo del Caribe, paraíso del derroche. Todo es excesivo en esta realidad caribeña. El calor. La lluvia. Los atardeceres. El viento. La naturaleza llevada al extremo, en un paraíso de sabores y fragancias que permite a García Márquez ambientar de manera deliciosa una historia que es, como no podía ser de otra manera, excesiva. 



Al caminar por Cartagena, es fácil sentirse Florentino Ariza y buscar la quimera del amor eterno en Fermina Daza. También lo es convertirse en el doctor Juvenal Urbino y recorrer las calles estrechas de la ciudad colonial en una victoria de un solo caballo. Y, por supuesto, enamorarse. En palabras del mismo Florentino, que podrían ser aplicables a Cartagena, "Fermina: he esperado esta ocasión durante más de medio siglo para repetirle una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre". 



La ciudad, restaurada gracias al trabajo encomiable de la cooperación española, pasa por ser la más bella de América del Sur. Es probable que así sea. Tal vez Buenos Aires podría entrar en la pugna, incluso Cuzco, pero esta reproducción de Andalucía en el Caribe deja sin argumentos a cualquier competidora. 


El Portal de los Dulces,  Portal de los Escribanos para García Márquez

La ciudad amurallada es pequeña, y está formada por un laberinto de calles salpicadas de balcones y flores, con una parte noble, objeto del éxtasis de los viajeros, y otra que lo es menos, el barrio de Getsemaní, donde los borrachos yacen en el suelo al amanecer. La parte noble, con una sorprendente concentración de casonas (muchas de ellas convertidas en hoteles) e iglesias, está tan bien restaurada que incluso genera sospechas sobre su autenticidad. Sólo las casas de los particulares que no se resignan a marcharse de la Ciudad Heroica dan cuenta de que, en efecto, Cartagena es real.


Una calle de Cartagena

Las murallas desde las que el legendario Blas de Lezo resistió a los ingleses en una de las mayores gestas bélicas de América Latina también se mantienen en un excelente estado de conservación, al igual que el castillo de San Felipe de Barajas -porque nunca se sabe cuándo pueden regresar los piratas...- 


El Castillo de San Felipe


El mismo García Márquez aún tiene una casa junto al antiguo convento de Santa Clara, con vistas a un mar Caribe que en Cartagena no es de cristal, sino de un verde traidor y aceituna. 



La casa de Gabriel García Márquez

Después de recorrer la ciudad, a uno siempre le queda la duda de cómo fue la vaina: si Cartagena de Indias inspiró la gran novela de amor del siglo XX o si, por el contrario, la ciudad nació para ser escenario de los amores contrariados de Fermina Daza y Florentino Ariza. Por desgracia, el gran Gabo, ya enfermo, no podrá revelarnos el secreto. Y es que, como él mismo nos dijo en su novela, "la sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada".

Consejos prácticos:

Alojamiento: se puede elegir entre tres zonas, la Ciudad Amurallada (hoteles de lujo en el centro y para mochileros en el barrio contiguo de Getsemaní), Bocagrande (zona turística de torres de hormigón, con una pequeña playa) y Bocachica, con mejores playas pero más alejada del centro. Para playas caribeñas y cristalinas, en las islas del Rosario, es necesario desplazarse a una hora de Cartagena en lancha. 

Seguridad: aplicando las normas básicas de sentido común, Cartagena es una ciudad relativamente segura.

Cómo llegar: la conexión aérea más fácil es vía Bogotá, con frecuentes vuelos diarios. 

Gastronomía: la cocina caribeña es un festival de sabores y olores, en especial las frutas. Recomendaciones: corozo, caimito, lulo, guayaba, carimañolas con suero costeño y arepas. 

Lugares mágicos: la Gelatería Paradiso. El portal de los Dulces. La librería Ábaco. Y, cómo no, las negras inolvidables de la Plaza de Bolívar.



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